La Desgracia de Ser un Patriota Colombiano

Presidente JOSÉ MARÍA MELO ORTÍZ

Un pueblo que vive en la oscuridad está sujeto a la opresión y a la anarquía, bajo el imperio de la constitución más liberal, y la ignorancia es el enemigo público que debe ser combatido con todo el poder del estado, bajo cualquier forma que se presente.

A la ignorancia se le debe perseguir con el mismo derecho con que se persigue el crimen en todas sus manifestaciones, pues desconocer nuestro pasado, equivale a desconocer nuestro futuro, un futuro incierto, lleno de ambivalencias, es tapar el sol de nuestros días con un dedo, es negar a nuestros propios padres que nos dieron la vida y la perdieron por darnos la libertad, y uno de tantos fue JOSÉ MARÍA MELO ORTÍZ, ciudadano, prócer de la independencia militar de carrera y Presidente de la República de Colombia en 1854, que por ingratitud y olvido no se le han reconocido sus acciones y batallas en las filas del ejército libertador para darnos nuestra independencia, dejándolo solo en su DESGRACIA, POR SER UN PATRIOTA COLOMBIANO fusilado por un país hermano donde sus restos mortales todavía permanecen allí, en un país distinto a aquel que lo vio nacer…..Colombia.

Muchos colombianos no saben que existió un prócer de la independencia que soñó en el lugar feliz “nación de repúblicas libres” del pensamiento bolivariano; por eso invito a todos los colombianos a reflexionar seriamente sobre nuestro pasado y presente político “estudiando la verdadera historia política de nuestro país”, para entender el rumbo violento implantado por los eternos dueños del poder. La historia política de los pueblos se ha conjugado con la historia económica de los mismos, encabezados por la burguesía como los eternos dueños del poder que se han perpetuado allí para su propio beneficio, estigmatizando a nuestros verdaderos patriotas que el pueblo colombiano desconoce y han olvidado que existió un militar de carrera, que lucho en representación de la Alianza Democrática y los artesanos que cada vez estaban más empobrecidos contra la joven burguesía “cachacos” de las altas clases sociales y económicas e hijos de españoles en la época de la Nueva Granada.

“Los pueblos que no conocen su historia, están condenados a repetirla”, con esta afirmación Colombia esta predestinada para la repetición eterna. Un cronista en abril de 1816 se refería a acontecimientos lo que se conoce como la Patria Boba y decía; “Lo cierto es que no han sido más que un hato de ladrones, el Congreso en estos 6 años se puede reputar por una junta o cuadrilla de bandidos facinerosos”.

El 26 de Febrero de 1854, Marcelino Valverde miembro de la Comisión de la Cámara de Representantes, formada para estudiar el pie de fuerza del país, que debería aprobarse, y la voluntad de algunos representantes se debatió, entre ellos Murillo Toro y Payan, aprovecharon para introducir una propuesta que decía: “Queda eliminado el ejercito permanente y en consecuencia es libre en la Nueva Granada el comercio de toda especie de armas y municiones”, para Murillo Toro, el ejército permanente era simplemente un instrumento de los gobiernos liberales contra el fervor de los enemigos de la civilización; creía que la fuerza permanente era útil para la seguridad interior y exterior, la custodia del tesoro público, de los presidarios, del servicio del correo, así como para la captura de los delincuentes, que después en la Administración Mallarino, el ejército permanente para la defensa del país solo contaba con 373 hombres. Los anteriores ejemplos nos confirman la sospecha de que la ignorancia sobre nuestro pasado nos conduce a repetirnos sin vergüenza.

Al pueblo colombiano, desde el mismo momento de nuestra independencia le aparecieron sectores partidarios de la continuidad colonial (oligarquía, burguesía de cachacos) y otros defensores en el campo independista, lo que llevo a la creación y establecimiento de un nuevo estado (La Gran Colombia 1820-1830) dando rienda suelta a todos los intereses de grupos, facciones, regiones, caudillos, clericales, masones, anti masones, federalistas, centralistas, bolivaristas, santanderistas, llevando al país a los abominables rencores sectaristas y al sangriento preámbulo de la gran conflagración general (guerras civiles) que actualmente estamos viviendo, donde el gran perdedor fue la gran mayoría de los colombianos más desposeídos que sufrieron y siguen sufriendo por una Justicia Social que jamás ha llegado como lo dijo aquel líder de raza en los Estados Unidos Martin Luther King Jr.; “El aceptar pasivamente un sistema injusto es colaborar con él, por lo tanto, el oprimido comparte la maldad con su opresor”. Tal seria la opresión y humillación de aquella oligarquía de cachacos “gólgotas” amparados por los “generales con fuerza de Ley” encargados de cuidar y hacer respetar la “dignidad” de aquella clase social. No fue entonces por azar que el golpe de estado del 17 de abril de 1854 hubiera comenzado en la madrugada con el grito de; “Abajo los gólgotas” dado a todo pulmón por el general José María Melo protegiendo a aquellos colombianos desamparados con su discurso al asumir el poder; “Compatriotas, El espectáculo aflictivo de vuestra situación ha conmovido mi ánimo. Insinuada la anarquía por todas las venas de la Republica, bajo el aliciente seductor de las nuevas instituciones, disfrazado de despotismo de un partido ingrato con las fórmulas protectoras de la libertad, desautorizado e impotente el Gobierno Nacional hasta servir de escarnio a los opresores y anarquistas sentados en el lugar de los legisladores sin título alguno, los enemigos sempiternos de la Republica, insultando indignamente y aniquilando de un solo golpe de arbitrariedad al ilustre cuerpo de ciudadanos armados que han dado independencia a estos pueblos, baluarte inexpugnable del orden y de la libertad, vilipendiada la religión por la impiedad, rotos los vínculos de la moral, disociados las provincias, cansados ya del desorden y en vísperas de hundirse todas en la anarquía, imperdonable crimen seria en un soldado que desde sus primeros años consagro su vida a su patria verla perecer pudiendo salvarla. No, ciudadanos, la libertad no perecerá mientras yo exista, mientras exista uno solo de estos héroes que forman hoy el pequeño pero glorioso ejército de la República.

Granadinos: ha llegado la hora de recobrar vuestra suspirada libertad, marchad unidos y el triunfo es vuestro. Mas al ahogar el monstruo de la anarquía, no temáis que el despotismo militar lo reemplace, no temáis las violencias y venganzas que otras veces han acompañado a estos pasos dolorosos de los pueblos hacia la conquista de sus libertades. Os convoco a todos para la reedificación del gran templo de la libertad. Un gobierno promisorio digno de vuestra confianza, os conducirá por el camino de la justicia hasta que se reorganice el gobierno de vuestros votos en una convención general de todos los pueblos de la Nueva Granada. Yo seré más que el defensor de vuestros fueros, el defensor del pueblo, os lo prometo por esta espada que recibí de la inmortal Colombia, y que no envainare hasta no dejar afianzados vuestros sacrosantos derechos.

Soldados: vosotros habéis sido, el blanco de las calumnias de la ingratitud de estos tiempos calamitosos. Ha llegado el momento de vindicarlos, mostrad al mundo cuan digno sois de llevar esas armas que os ha confiado la Nación para su defensa. Atacad a los enemigos del orden de la paz, en donde quiera que los halléis, sed fieles a vuestro juramento, guardad una rigurosa disciplina y subordinación a vuestros superiores, cumplid con vuestros deberes, sed generosos con vuestros enemigos, olvidad las ofensas que ellos os han prodigado y recibid la ilimitada gratitud que os tributa vuestro general. Ciudadanos todos: Si los precedentes de un soldado de la independencia valen ante vosotros, si el juramento que hace un militar de honor sobre el puño de su espada, merece alguna fe, aceptad la solemne promesa que os hago ante Dios de las naciones, no tengo en mira sino vuestra felicidad, porque soy yo y no seré más que un amante entusiasta de la libertad y ardiente defensor de vuestros derechos. Animado de tales sentimientos, os felicito por la nueva era de dicha que vais a recorrer; vuestros son mi reposo y mi existencia, los que estoy pronto a sacrificar por el triunfo de la República”.

Sobre la revolución del 17 de abril de 1854, se han dado distintas interpretaciones, aunque en la mayoría de los casos sin detenerse en el verdadero sentido como expresión del inconformismo social de los colombianos y los artesanos contra el libre cambio en Colombia; la verdadera importancia del golpe melista tuvo significación social y política. La verdad, es que después de la fallida Revolución de los Comuneros, por primera vez en la Historia de Colombia, una clase distinta de la burguesía, asumió la dirección política del Estado, esta es su verdadera trascendencia y su mayor importancia. El gobierno del General José María Melo tuvo en el fondo un contenido social innegable y para ello se rodeó de una serie de intelectuales pertenecientes a las Sociedades Democráticas que se identificaban con su gobierno. Habiendo introducido algunas reformas en el aparato gubernamental, nombró como su Secretario General al Dr. Francisco Antonio Obregón Muñoz, abogado del Colegio Mayor del Rosario, gobernador de Antioquia, parlamentario, quien poseía una gran cultura adquirida en Europa y se le consideraba como el autor intelectual del golpe, quien se desempeñó como presidente de la República en reemplazo del General Melo entre el 20 de Mayo y el 2 de Junio de 1854 en calidad de Presidente del Consejo de Estado; el Dr. Pedro Martin Consuegra abogado, escritor y orador político de Sabanalarga, como Secretario del Despacho de Estado; Al Dr. José María Maldonado Neira como Secretario del Interior y Culto; el Dr. José María Gaitán en Relaciones Exteriores y en hacienda al Dr. Ramón Ardila; otro entusiasta militante de causa de los democráticos y pertenecía a la generación de intelectuales el Dr. Joaquín Pablo Posada que precursaba un viraje profundo de la ideología liberal hacia el socialismo de Estado, de amplia base popular. En ediciones del periódico El Alacrán que fue durante algún tiempo editor, se infiera claramente que el golpe del General Melo pretendía tener un sentido más profundo que el de la historia suele reconocerle.

El nuevo gobierno no conto con el respaldo de las gentes adineradas del país, todos los que tenían algo que perder estaban alarmados por sus propiedades y sus temores se fundaron en los ofrecimientos que han hecho a los y en las doctrinas que se han inspirado que los bienes son comunes, al gravar fuertemente todas las industrias y todas las importaciones, exceptuando las artesanías nacionales colocados a nivel preferencial creando una especie de impuesto al patrimonio para tierras y semovientes y exportaciones de tabaco.

En una conferencia pronunciada por el Dr. Alberto Pinzón Sánchez en el Instituto Iberoamericano de Berlín el 30 de Abril del 2003, sobre la búsqueda de la paz en Colombia, nos ilustra que en la época de la independencia el país contaba con 50.000 blancos (oriundos de España, en especial funcionarios de la burguesía colonial y curas); 385.000 mestizos, 160.000 indígenas, 150.000 blancos llamados criollos y dueños de 50.000 esclavos que los tenían para su provecho y explotación en las minas de oro de nuestro país; era una sociedad liderada por hacendados, comerciantes, exportadores y esclavistas. Que aquellos llamados “criollos burgueses” manejaban el país como su propia empresa, pues así lo demuestra un grupo de investigación de la Universidad del Cauca que nos ilustra que por ejemplo el general Tomás Cipriano de Mosquera, organizó varias guerras civiles, cambió de partido varias veces, conquisto 4 veces la Presidencia de la República y cada vez que entraba triunfante organizaba fusilamientos, y que los colombianos le reconocen como un “insigne prócer” de la época con monumentos y placas recordatorios en el centro del Congreso Nacional y no hablan que también se hizo dictador e hizo de nuestro país lo que quiso. Que la hermana del sabio Francisco José de Caldas, la Condesa de Testagua, fue esposa de Joaquín Mosquera, hermano de Tomás Cipriano de Mosquera. Que entre 1831-1833 Tomás Cipriano de Mosquera viajó por toda Europa y trajo de los Tullerines de Paris mueble y enseres y 2 jardineros ingleses para su finca El Coconuco de 1.300 hectáreas. Que Tomás Cipriano de Mosquera tenia en la calle 1 West N°.20 en el pleno centro de Wall Street de NewYork una casa de 20 habitaciones para sus negocios bajo el nombre de Mosquera&Herrán y Cia, que luego traslado a la 5ª Avenida de New York. Que tenía barcos viajando con carga en ambos océanos y utilizó el ferrocarril de Panamá para el trasbordo y en 1863 manifestó que la capital de la República debería estar en Panamá donde tenía bodegas y centro de operaciones y que inició remesas por 3 millones de dólares con seguros americanos y escoltas norteamericanos. Que buscó en New York el contrato para la terminación del ferrocarril y con buzos y submarinos busco perlas en Panamá. Que explotó la sal de Galerazamba, La Guajira y Zipaquirá llevándola a Estados Unidos a cambio de oro de California. También explotó las minas de oro de Timbiquí (Cauca) que le daban buena ganancia, casó a su hija con un norteamericano con quien negociaba y sus nietos fueron norteamericanos. El de 5 de 1854 escribió que movió negocios por 88.000 dólares en 3 meses. Que en 1854 Tomás Cipriano de Mosquera desea visitar nuevamente su finca El Coconuco (Cauca) y se entera en Cartagena, que el General José María Melo había tomado el poder, fletó un buque y financió las armas por 100.000 dólares y se empeñó en recuperar el poder, pues el Congreso Nacional mediante decreto de Abril 12 de 1854 le había concedido el privilegio exclusivo para construir un camino carretero de Cali al Puerto de Buenaventura que decía; El Senado y la Cámara de Representantes de la Nueva Granada reunidos en Congreso, vista la solicitud dirigida al Congreso desde New York por el ciudadano General Tomás Cipriano de Mosquera Decreta; Conceder el privilegio exclusivo al ciudadano general Tomás Cipriano de Mosquera para construir un camino carretero desde la ciudad de Cali al Pto. de Buenaventura y para el establecimiento y uso del servicio de carruajes de todas clases en el mencionado camino. Que el privilegio que se concede por el artículo anterior durara por 80 años que se contaran desde que se dio principio la obra. -Concédase al ciudadano General Tomás Cipriano de Mosquera como medio de auxiliar la Empresa, 128.000 hectáreas de tierras baldías que se adjudicaran por lotes de 10.000 hectáreas cada uno en las provincias de Buenaventura, Cauca, Popayán, Pasto, Túquerres, Barbacoas de manera que entre cada 2 lotes que se adjudiquen al concesionario quede uno, poco más o menos de la misma extensión situación y calidad a disposición del gobierno nacional.

Que, por el sur de Colombia, con el terrateniente José Hilario López secundó a Mosquera con 20.000 dólares financiados por la firma Mosquera&Herran, para que finalmente el general Melo fuera derrotado por los militares liberales y conservadores de la oligarquía. El general Tomás Cipriano de Mosquera ayudó a su socio y yerno el General José María Herrán a ocupar la Presidencia de la República.

Desde muy joven se dedicó a la guerra que era su pasión. Sus lecturas, sus estudios fueron los de autodidacta de trochemoche, que formaron en él un embrollo de ideas que le sirvieron para sus espectaculares desplantes que influyó sobre su lívido imperandi, el complejo sicológico de prócer con base a sus decisiones. De Tomás Cipriano de Mosquera opinaba José María Samper: “tenía el espíritu completamente desequilibrado”, toda la vitalidad motriz de una grande inteligencia y de toda la oscuridad mental consiguiente a la falta de la verdadera luz que es la conciencia. Era un espíritu que andaba a tientas por falta de luz en su interior, su lucidez, sin moralidad ni religiosidad era como un reflejo de la ajena y tenía lo tenebroso y frío de las nieblas. En él, se veía toda la inquietud de la tendencia generalizadora, jamás analítica y crítica, por lo que parecía ser enciclopédico, pero como no estudiaba las cosas a fondo, ni meditaba suficientemente lo que leía, todo lo sabía a medias llevando su entendimiento a un caos. El cráneo de aquel enciclopedista de aparato, era como una olla podrida que se cocinaban las ideas más incoherentes.

En los salones de las cortes europeas trató de deslumbrar con su atuendo y bizarría excéntrica y creyéndose hombre de ciencia, escribió desmesuradamente sobre geografía, astronomía, política e historia, no dejando sino huellas de sus deslates. De su ideario político y religioso, dispuso arbitrariamente según las conveniencias de su máxima pasión. Encasillado en el conservatismo autoritario y centralista de 1845, viró hacia el federalismo radicalmente liberal de 1863, que él mismo creó. Cristiano y católico por herencia, se sabe que su devoción a Nuestra Señora de los Dolores y muere con los auxilios de la Santa Iglesia.

Al perder Tomás Cipriano de Mosquera el debate electoral de 1857, su soberbia se sintió herida y manifestó: “Ustedes tienen que elegirme presidente, porque si no lo soy, tumbare al que resulte electo”. El 27 de septiembre de 1872, al llegar a los 74 años de edad, se enferma de una congestión cerebral que lo puso a borde de la muerte, entonces llamaron al rector del seminario de Popayán para que lo confesara, pero este se negó por la calidad del penitente, peor la curia autorizó al presbítero Inocencio Torres, quien administró el sacramento. Acto seguido Mosquera, aunque parcialmente paralizado, pero dueño de suficiente lucidez mental, autorizó ante testigos respetabilísimos la siguiente retractación: “Quiero terminar mi larga vida, cual conviene a quien profesa la religión de nuestro señor Jesucristo, nuestro creador, nuestro redentor y nuestro misericordioso glorificador. Quiero ardientemente entregar mi espíritu, mi alma, mi vida y corazón en sus amorosos brazos. Quiero satisfacer en la manera que puedo a la justicia divina, mediante los infinitos méritos del mismo Señor y Dios nuestro, satisfacer también a la iglesia católica, en cuyo seno nací y de quien me reconozco hijo ingrato, pero sinceramente arrepentido y en virtud, dar un grande ejemplo a nuestra agitada sociedad, a la cual he servido tantos años, derramar el consuelo impío, regocijo en los corazones atribulados de mis amados hijos, parientes y amigos.

La conversión de Mosquera llegó a Bogotá con todos sus detalles y las gentes entre jocosas y serias se dedicaron a comentarla y fue una gran ocasión cuando el General Joaquín Posada Gutiérrez, imprimiendo la ironía del pueblo exclamó: “con tal que se muera, aunque que se salve”. Por voluntad de Dios y el vigor físico del viejo general lo salvaron y poco a poco recuperó la salud. Cuando cesó la parálisis y notó que la muerte se alejaba de su lado y sabiendo que los colombianos estaban enterados de su conversión, inmediatamente escribió el siguiente preventivo: “He visto la multitud de patrañas e invenciones de los conservadores con respecto a mí, queriéndome hacer aparecer como un retractor de mis principios a manos muertas y que se yo cuantas más, esta es una solemne mentira, jamás puedo yo retroceder y estoy pronto a darles un mentís a todos mis detractores. Tomás Cipriano de Mosquera, con todo lo anterior contrajo matrimonio católico y segundas nupcias con su sobrina María Ignacia Arboleda el 15 de julio de 1872 y luego se dedicó a seguir cultivando su fobia anticlerical crónica.

Según versiones del genealogista ingeniero Julio Cesar García Vásquez en su obra titulada los oscuros antepasados de cuello blanco, manifiesta que Tomás Cipriano Mosquera fue hijo del acaudalado hacendado payanes José María Mosquera Figueroa y Arboleda y de doña María Manuela Arboleda Salazar y Arrechea, quién nació en Popayán el 26 de septiembre de 1798 y murió en su finca Coconuco en octubre 7 de 1878 a la edad de 80 años y que contrajo dos matrimonios así: Primera esposa doña Mariana Benventuna Arboleda Arroyo con quien tuvo dos hijos: Aníbal Mosquera Arboleda (1823-1879) y Amalia Concepción Gertrudis Mosquera Arboleda (1825-1937).Segundo matrimonio con la sobrina de su esposa María Ignacia Arboleda Arboleda con quien tuvo un hijo llamado José Bolívar Carlo Dorico Mosquera Arboleda (1878-1937). Además de la prole legitima Tomás Cipriano de Mosquera dejó cinco hijos ilegítimos, tres de ellos con la prostituta Paula Luque (que fueron reconocidos en su testamento) y dos hijos con la prostituta Susana Llamas, otras amantes suyas fueron las prostitutas Gentilina Baudini y Amalia Tadale di Errighi.

De la relación con Paula Luque, nacieron Clelia Mosquera Luque (1849) esposa del general boyacense Jeremías Cárdenas Silva, con quien tuvo once hijos, entre ellos Elvira Cárdenas Mosquera “primera dama” en matrimonio con el presidente de la república José Vicente Concha Ferreira (1914-1918). Teodulia Mosquera Luque (1859) casada con el empresario cartagenero Bernardo de la Espriella y Navarro de Azevedo (1852-1907) banquero, político y uno de los fundadores del departamento de Nariño y padre de trece hijos, entre ellos el padre Bernardo de la Espriella, Isabel Mosquera Luque fallecida en su infancia durante el secuestro a la que fue sometida junto a sus dos hermanos por aparte del ilustre hombre público Julio Arboleda Pombo, el coronel Tomás Mosquera Cervantes, hijo bastardo de la mulata Candelaria Cervantes (1818) y María Ignacia Mosquera (1829), casada con el ingeniero inglés Thomas Davis. El famoso boxeador Antonio Cervantes Reyes “Kid Pambele” es descendiente del general Tomás Cipriano de Mosquera por vía bastarda.

Testamento de Mosquera: En su testamento manifiesta: “Yo Tomás Cipriano Ignacio María de Mosquera Figueroa y Arboleda Salazar, Prieto de Tovar, Vergara Silva, Hurtado de Mendoza, Urrutia y Guzmán declaro que nací el 26 de septiembre de 1798 día jueves, primer día de menguante, a las ocho de la noche en la casa de mis padres, situada en Popayán en la calle de la Pamba. Fueron mis padres el doctor Don José María de Mosquera Figueroa y Doña María Manuela Arboleda Salazar. Mis abuelos paternos Don José Patricio de Mosquera Figueroa y Doña Manuela Arboleda Salazar y los maternos Don Francisco Antonio Arboleda Salazar y Doña Juana Francisca Arrachea. Por línea de mi padre desciendo del príncipe Dorico de Moscovia y de los duques de Feria y Alba y por lo tanto de varios soberanos, por mi madre de los mismos y de los Hurtados de Mendoza, grandes de España, la cual consta en los documentos que dejo mis hijos y con una carta de la Emperatriz Eugenia, como nuestra relacionada por ser ella y nosotros descendientes de Guzmán el Bueno.

Como se puede ver, nuestro benemérito prócer, cegado por la soberbia oligarca, ambición de poder, fanfarrón tenía su espíritu completamente desequilibrado, sin moralidad, ni religiosidad, su mente era una olla podrida con ideas incoherentes, mandando a fusilar a quien lo contrariara en sus propósitos, entre ellos figuran los principales dirigentes gobernadores liberales de Antioquia, los doctores Salvador Córdoba y Manuel Antonio Jaramillo sin fórmula de juicio en la ciudad de Cartago. Los anteriores ajusticiados eran primo y cuñado del Doctor Francisco Antonio Obregón Muñoz (Gobernador de Antioquia), quien fue el secretario general del gobierno del general José María Melo Ortiz.

Otro insigne Padre de la Patria para la época de la Nueva Granada, fue Julio Arboleda Pombo. Abogado, poeta, político, diplomático, hijo del acaudalado aristócrata de Popayán José Rafael Arboleda y Matilde Pombo y O’Donnell nacido en Timbiquí (Valle del Cauca) el 9 de junio de 1817. Desde muy temprana edad viajo a Europa y en la Universidad del Cauca. Hablaba correctamente latín, francés, inglés e italiano y como periodista fundó y redactó “El Patriota”, “El Independiente”, “El Payanes”, “El Misiforo de Popayán”, en Bogotá “El Siglo” y en Lima “El intérprete del Pueblo”. Según José María Samper, Julio Arboleda Pombo era de mediana talla, delgado, endeble a causa de un accidente en su adolescencia, tenia la nuca y el dorso ligeramente encorvado por lo cual andaba agachado, hundiendo la cabeza entre sus hombros con lentitud y frotándose frecuentemente las manos y su acento era agudo, incisivo con un tono de malicia burlona de ironía y sarcasmo, con barba y unos bigotes pocos abundantes. Julio Arboleda Pombo ahorcó indígenas guerrilleros en los arboles de los caminos, con el fin de que sirviera de escarnio e hizo colocar guardias al lado de los cadáveres para impedir que sus deudos los sepultaran. Julio Arboleda Pombo contrajo matrimonio con su pariente Sofía Mosquera y Hurtado con quien tuvo diez hijos Rafael Arboleda casado con Paulina Cheyne Fajardo, Beatriz Arboleda casada con Gabriel Vengoechea, Julián Arboleda fallecido en Alemania a los 20 años, Gonzalo Arboleda casado con Mercedes Ospina Camacho, Daniel Arboleda casado con Emilia Umaña, Pedro Pablo Arboleda quien murió célibe en New York, Sofía Arboleda casada con el maestro Alberto Urdaneta, Julio Arboleda casado con Manuelita Sanz de Santamaría, Cecilia Arboleda casada con el Presidente de la República Jorge Holguín Mallarino y Hernando Arboleda fallecido en Bogotá a los 22 años.

El 23 de abril de 1847 Julio Arboleda Pombo realizó negocios de reexportación de esclavos al Perú, mediante escritura de venta que se realizó en Buenaventura al comprador Pablo Solar, la cantidad de 212 esclavos por la suma de $31.410 cuya escritura decía: “En la Villa de Buenaventura a los 23 días de abril de 1847 ante mí, el escribano y testigos que en el lugar se expresaron, compareció al presente, el señor Julio Arboleda Pombo, vecino de esta villa quien doy fé y conozco, dijo: que por tenedor a la presente escritura, doy en venta pública y en perpetua enajenación desde ahora y para siempre por si y en su nombre y de sus herederos presentes y futuros al señor Pablo Solar, del comercio de la ciudad de Lima, saber el número de esclavos que constan en la lista.

Julio Arboleda Pombo murió asesinado en las montañas de Berruecos el 13 de noviembre de 1862 y su asesino Juan María López, quien era hijo de uno de los que había mandado a fusilar en uno de los pueblos Túquerres, quien aseguró que su señora madre también había muerto de pesar por la muerte de su esposo. El asesino fue reducido a prisión y poco después se le declaro indulto y se le puso en libertad. Y siguen apareciendo importantes personajes que marcaron la esclavitud en Colombia como Salvador Camacho Roldan, quien nació en Nunchía (Casanare) en 1828 y fallecido en Zipacón (Cundinamarca) el 19 de junio de 1900, economista, jurista, editor, periodista, orador y pionero de los estudios sociológicos en Colombia. Fue juez, gobernador de Panamá (1860) y congresista por Boyacá. Actuó como fiscal en el juicio político seguido contra el general y expresidente José María Obando, logrando su destitución constitucional en 1855 al imputársele complicidad en la revolución del general José María Melo Ortiz que lo depuso de la presidencia de la República.

Para Camacho Roldán “nación” equivale a la sociedad entendida como grupo de personas unidas por los lazos materiales, morales e intelectuales comunes, sin embargo, manifiesta que los esclavos son propiedades de los amos y el legislador no tiene derecho para suprimirla, porque el derecho a la propiedad es anterior y superior a la ley: La propiedad es un dogma de las sociedades civilizadas. Si la raza negra no está sometida al trabajo forzado, se entregarían a la ociosidad y a los crímenes, no se podrían cultivar las haciendas por falta de trabajadores. La suerte de esta raza será más desgraciada en la libertad, porque no tendrán quién los vista y los mantenga; será una crueldad emanciparlos. La razón de lo anterior con base a los avisos que aparecían en los periódicos de “Venta de Esclavos” como, por ejemplo; se vende un caballo de muy buena presencia y de paso la persona que quiera comprarlo ocurrirá al almacén de paños franceses situado en el puente de San Francisco y allí tomara la razón. Se vende un esclavo de 25-29 años de edad y de buen servicio, sabe cocinar medianamente, lava ropa, coser, planchar, torcer cigarros y demás cosas necesarias al servicio de la casa. El precio será el que convenga con el dueño de quien se dará razón en esta imprenta. El que quiera comprar esta negra de buen servicio hable con el señor Cayetano Navarro, que tiene tienda en la segunda calle del comercio. En el periódico de noviembre 2 de 1845 decía: “La persona que quiera comprar una negra joven, buena cocinera y útil para otras ocupaciones domésticas, puede hablar con el señor Florentino Calvo que vive en la última casa de la calle San Bruno arriba de los Plateros.