El Golpe Militar-Artesanal de 1854

 

El desprestigio del presidente Obando y del Congreso, que, en setenta y siete días de sesiones, no expidió una sola ley, condujo a la nación a una sensación de anarquía. El movimiento del 17 de abril de 1854 fue presentado como la respuesta a esa situación, dado que el General José María Melo había prometido regenerar la República.

La versión oficial continúo diciendo que había corrido el rumor, que el Congreso no podía seguir legislando “en esa circunstancia, que entraría contra las instituciones”. Fue entonces cuando “empezó a soplar el huracán de la indignación popular” sus sentimientos religiosos al perturbar una procesión religiosa, pues ya no podía soportar más “audaces demasías y provocaciones insufribles”. En esas circunstancias de extrema tensión social, “la revolución estaba hecha”. El viernes santo (14 de abril), nadie estaba tranquilo en la capital: “todos temblaban por su seguridad, todos aguardaban de un instante a otro el estallido del trueno revolucionario”. Solo faltaba un hombre bastante fuerte y querido por el pueblo, capaz de “sobreponerse a la situación, adueñarse de ella y dar un giro benéfico a las pasiones desencadenadas”. Ese hombre “que las circunstancias reclamaban”, apareció en la escena para representar “un papel noble y generoso”, era el General José María Melo Ortiz.

Así, “las leyes eternas de la providencia se cumplieron”. Dado que la revolución estaba hecha, el General José María Melo no hizo más que ponerse a su cabeza. Durante la madrugada del lunes 17 de abril de 1854, al frente de “quinientas lanzas y mil bayonetas” y en medio del “ruido clamoroso del pueblo entusiasmado” del “estampido del cañón” y del sonar de las campanas, había proclamado “la reorganización política y social del país”. La revolución había sido obra del ejército, de las guardias nacionales de la capital y de las Sociedades Democráticas del Artesanado.

El primer paso del General José María Melo, fue enviar sus comisiones ante el presidente Obando, “incitándole a que se pusiera al frente del movimiento y le diese dirección”. Al conocerse la negativa de este, ya no se podía volver atrás. Fue proclamado entonces el General Melo jefe del gobierno provisional por las masas reunidas en la Plaza de Bolívar. Una convención nacional, “de origen verdaderamente popular”, fue convocado. El General Francisco Antonio Obregón asumió el cargo de secretario general del gobierno revolucionario. Como secretario del Despacho Presidencial fueron nombrados los doctores Cuenca, Consuegra y Ardila. En su primer mensaje a la Nación, el General José María Melo, expuso su caracterización de la situación política que lo había obligado a encabezar la revolución en los términos de una anarquía de las instituciones, generadas por la Carta Constitucional de 1853, del despotismo del “partido ingrato”, de la importancia del poder ejecutivo, del insulto que los legisladores de 1854 habían lanzado sobre la dignidad del Ejercito, baluarte inexpugnable del orden y de la libertad, del trato impío de la iglesia Católica y de la disociación de las Provincias. En esas circunstancias, “el pequeño, pero glorioso ejército de la Republica” habían acometido la tarea de salvar la Patria de la anarquía. Juró por su honor de militar, que sus miras no eran sino la felicidad pública y la defensa de las libertades y los derechos de los ciudadanos. No habría despotismo militar alguno, ni violencia o venganzas.

En un mensaje particular que dirigió a los miembros de Guardia Nacional. El 17 de abril de 1854, en el decreto orgánico del gobierno provisional dictado el día siguiente, el General José María Melo presentó la idea de las “premiosa necesidad” de la regeneración que había justificado su golpe de estado, para resolver “el estado completo de anarquía ene que se hallaba el país”. Por ello, a los ciudadanos de la Guardia Nacional les entregaba el “estandarte de la regeneración” un símbolo de unión, de la libertad y fraternidad, asegurándoles una página especial en el “inmortal libro de la Historia”. La oscuridad e insuficiencia de las nuevas instituciones que había introducido la carta de 1853, le había permitido a un partido audaz “insultar y vejar a los buenos ciudadanos” lanzándose sin rebozo en los mayores Excesos. Por ello, convoco a la gran familia granadina a reunirse bajo el estandarte de la regeneración, hasta que se estableciera una nueva Carta Constitucional que ha de dar nueva vida a la República, correspondiendo a las necesidades y exigencias de los pueblos.

El gobierno provisional desconoció la exigencia de la Carta de 1853 al asumir el Despacho de los negocios de la carta de 1843 le había asignado el Poder Ejecutivo. El jefe Supremo del Estado asumió las funciones de Comandante General y el mando del ejército en persona.

El gobierno de las provincias siguió en manos de los gobernadores, pero ahora convertidos en funcionarios nombrados por los gobiernos de los Cantones volvió a los jefes Políticos libremente nombrados por los gobernadores. Los alcaldes de los distritos parroquiales volvieron a ser nombrados por los gobernadores según las propuestas de los jefes políticos de los Cantones. Para asegurar su gobierno prohibió el comercio y porte de armas, y se penalizaron los impresos sediciosos o alarmantes. Creo los tribunales especializados en el conocimiento de las causas sumarias de sedición y conspiración.

También tal como había sucedido cuando el partido Liberal accedió al poder del Estado con el triunfo del General López, cuando fue construida la representación histórica de los “doce años de dominio conservador”, el gobierno del General Melo también ofreció a los lectores de la Gaceta Oficial una representación histórica sobre los acontecimientos que, desde la Guerra civil de 1840, habían conducido a la revolución del 17 de abril. Estos apuntamientos históricos rescataron la gesta del partido Liberal desde 1840 para volver a tener oportunidad de poder y las realizaciones de la Administración.

El 15 de mayo de 1854, el General José María Melo borró de la lista militar y dio de baja a los Generales Tomás Herrera, Manuel María Franco, Marcelo Buitrago y Juan José Reyes Patria, al coronel José María Rojas Pinzón, al teniente Antonio Rubio y trece oficiales de menor rango. El 31 de mayo dio de baja al general Joaquín Paris (tío de su esposa), al coronel José María Vargas Paris (su cuñado) y Melchor Corena, los tenientes coroneles José Navas y Domingo Mutis y diez oficiales más. El primero de junio elevo, el pie de fuerza a ocho mil hombres y el veinte de julio incremento a veinte mil hombres el pie de fuerza armado. El poder de la presa se hizo más evidente con la alianza liberal-conservadora contra el gobierno del General Melo, pero el Alacrán fundado en 1849 por German Gutiérrez de Piñeres y Joaquín Pablo Posada se dedicaron a defenderlo junto con las sociedades de artesanos. Generales liberales como Tomás Herrera, José Hilario López, Manuel María Franco, Juan José Reyes y Generales conservadores como Julio Arboleda Pombo, Braulio Henao, Joaquín Paris protagonizaron miedo al pueblo por su apoyo a la causa revolucionaria.